En el recuerdo el CL Aniversario

Terminadas ya las actividades programadas para la celebración de nuestro 150 Aniversario fundacional, me dirijo a vosotros, hermanos de la Misericordia,

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Fundación Benéfico Asistencial Corinto

La Fundación Corinto se creó en el año 2012 por varias cofradías de pasión y gloria, entre ellas la nuestra, a la que se han ido sumando progresivamente nuevas hermandades y cofradías.

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Agenda Cofrade

Día 15 de Septiembre. Dolores Gloriosos de la Stma. Virgen. A las 20,30 h. celebración de los Dolores Gloriosos de la Stma. Virgen en honor de Ntra. Sra. del Gran Poder.

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Domingo XXII del Tiempo Ordinario. 2016

“Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso”.

La naturaleza humana tiende a engrandecerse y a vanagloriarse de sus propios éxitos y generalmente esta actitud, que a todos nos afecta, produce rechazo. Es realidad muy humana: generalmente no nos gustan las personas orgullosas y, en cambio, apreciamos a la persona que es “natural”, al que sabe portarse ante nosotros con humildad y sencillez. Por tanto, de exagerar en algo más vale exagerar en la humildad y no en la soberbia
La humildad es una gran virtud que -a su vez- es complicada de vivir:
• si la humildad casi siempre nos invita al servicio, el orgullo tiende a hacernos despóticos y engreídos.
• Si ante Dios nos resulta fácil sentirnos humildes porque su grandeza supera infinitamente nuestras limitaciones y debilidades, ante los hombres no siempre es fácil comportarnos con humildad porque tendemos a creernos iguales o superiores ante el prójimo...
El Señor se siente atraído por el que es humilde. De hecho la mujer que Dios escoge por Madre es una muchacha oculta entre la gente de su tiempo, una muchacha sencilla que habita en un pueblecito olvidado en las montañas de Galilea. Es esa actitud, el saberse pequeño ante el Señor, la que nos acerca a Él y nos hace escuchar sus continuas llamadas e invitaciones a seguirle.
Sólo los humildes fueron y son capaces de reconocer y de ver al Salvador. Los engreídos levantaron unos muros de preceptos y de prejuicios tan gigantescos delante de sí mismos que se quedaron petrificados en su propia arrogancia. Fueron incapaces de sentarse a compartir el festín al pensar que eran los primeros ante Dios y los hombres, y tan en primera línea pretendieron estar que otros desde más atrás contemplaron, gustaron y presenciaron la novedad que les traía Jesús con mayor nitidez y acogida.
A Jesús se llega -y se le ve- más rápidamente con las gafas de la humildad; cuando somos capaces de confrontarnos a nosotros mismos con valentía, reconociendo nuestras equivocaciones o errores: “el orgullo es una lente sucia que nos impide sentir, seguir y vivir a Dios”.
Ser humilde, ser sencillo. Olvidarse de sí mismo, estar contento con lo poco o lo mucho que la vida trae consigo. Ser consciente de la propia limitación, atribuir a Dios todo lo bueno que se pueda tener, o que se pueda ser. No considerarse más que los demás, tratar a todos con la misma sonrisa, sin mirar a nadie por encima del hombro... El hombre humilde no tiene complejos, no teme quedar mal; no le importa que noten sus limitaciones. El humilde es por eso un hombre realmente libre.
«Amigo, sube más arriba». Es el saludo del Señor al invitarnos al convite de la Eucaristía. Es como si nos dijera: «Eres mi amigo, eres importante para mí, eres persona de categoría en mi Reino, Sube más arriba, hasta donde yo estoy». Para que con mis propias manos pueda repartirte mi pan y mi vino y estrecharte en un abrazo de comunión perfecta conmigo y con los hermanos.
La figura de Nuestra Madre del Cielo es una permanente invitación al servicio oculto y desinteresado. Acudamos a su intercesión, para que no nos importe ser admirados sino servir. Que María Santísima de la Victoria, nuestra Patrona, siempre nos indique el camino que hemos de seguir para llegar a identificarnos mejor con su Hijo.